Con la muerte de Luis Alberto Spinetta, se cierra- al menos para algunos de nosotros- una época de poesía en el rock argentino. Músico inmenso, escritor inigualable, Spinetta, supo desarrollar una lírica delicada, audaz, y sobre todo conmovedora. Las letras de Luis Alberto siempre inspiraron lo mejor, y cuando escribí alguna canción o un poema, en algún momento recordaba aquella frase estupenda: "Las manos de Fermín/giran y el también/ gira y da mas vueltas".

Inspirado en un dadaísmo criollo (si tal cosa existe) capaz de mixturar a Antonin Artaud con el Capitán Beto y "la foto de Carlitos junto al comando", supo apartarse de muchas bobadas propias del circo rockero y de construirse a sí mismo enfocado en un objetivo esencial: la búsqueda de una belleza que sabía destinada al fracaso, y que daba las razones para intentarlo una vez más.

Por eso mismo, en este momento triste, donde sentimos profundamente esta pérdida, me gustaría recordarlo con una reflexión de J. Lacan cuando afirmaba que la belleza era la última defensa contra la muerte. Algo de esto debía haber sabido Spinetta cuando, de manera precisa, escribió: "Que solo y triste voy a estar en ese cementerio/que calor hará sin vos en el verano".

Aunque lloremos la soledad de esa muerte, no nos olvidemos de esas letras y melodías que lo vuelven irrisoriamente inmortal, como a todos los hombres.